Hay obras que no se ven, se viven. No te vayas sin decir adiós regresa a Puebla y toca justo donde a veces nadie quiere mirar. Reuniones familiares que parecen risas, bromas que esconden rencores y silencios que dicen más de lo que se atreve a decir cualquiera en voz alta. Sí… suena conocido.
Esta historia te aprieta el pecho, te incomoda y, sin avisar, te deja una chispa de esperanza. Es de esas obras que te hacen salir callado, pensando, con ganas de comentarla pero cuidando no arruinarle el final a nadie. Porque hay cosas que se sienten mejor cuando se descubren en vivo. Solo una regla: no cuentes el final. 🎭✨